Con crueldad llegaste y con crueldad te fuiste. Mi crueldad. Me amaste y me amarás. Yo solo amaba tu devoción. Devoción por mí. Intentaste darme los mejores años de mi vida, pero lo impedí por todos los medios. Nunca te lo permití. Tras 20 años de mentiras, flores y sumisión, has conseguido dejarme. Pero nada ha cambiado. Quedaron las mentiras, las flores marchitas y tu mayor acto de sumisión. Tu desprecio por la felicidad y la dignidad, frenó todos y cada uno de mis intentos por respetarte. Nadie mejor que tú, para enseñarme a odiar. Tuve la mejor maestra. No solo estoy asistiendo a tu entierro. Disfruto viendo mi amargura en esa caja de pino. Le estoy dando santa sepultura a la peor parte de mí.
Hoy quiero hablar de un tema un tanto espinoso como es la violencia de género . Nada mas en 2010 hubieron mas de 70 víctimas mortales "conocidas" y este año la cifra está en 16 victimas, la gran mayoría de los casos ocurren porque la persona maltratada no tiene el valor suficiente para denunciar a su agresor. Este es un gran error, ya que si el caso no se da a conocer, no se le puede ofrecer ayuda a la victima y puede acabar en fatalidad. Tanto el entorno de la victima como el del agresor en escasas veces son conscientes de lo que ocurre en casa de puertas para adentro. Esto es debido a que el individuo en cuestión manifiesta una personalidad diferente dentro y fuera de casa. Mi teoría es que estas personas se sienten impotentes con poco protagonismo, ya sea en el ámbito social o laboral y necesitan sentir ese poder de mandato dentro de casa, sentir que son alguien y lo aplican con su pareja o en el caso de que los hubiera, en ocasiones también con los hijos. Pero esta es l...
Pezuñas, aullidos, rechinar de caninos y molares, baldosas frías, el vidrio chocando contra el vidrio. El infierno en diapositivas. La muerte, que era destino, muda la piel a deseo. Creo que es mi cuerpo el que devoran. No estoy segura. Hace un rato traspasé las paredes de esta realidad macabra, dejando atrás a los lobos. Aquí no tengo miedo. Mi cuerpo llora, tiembla, se encoge con cada zarpazo y colmillo. Pero no soy yo. No puedo serlo. Mi conciencia sublevada, por rebeldía o custodia, ha creado un dulce y frágil letargo. Putos perros desalmados, consentidos y alimentados con odio y desprecio en perreras públicas. Creo que ya se van. Oigo el deslizar victorioso de uñas por el suelo. Parece que han ganado. Han dejado jirones de tela marchita, mi piel violeta y un salto de aguja en los giros de un vinilo. Me han tatuado un julio de claveles negros, una muesca en el recuerdo níveo de mi vida y semillas preñadas de culpa. ...
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