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Mostrando entradas de enero, 2014

Con la lluvia vendré

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Aunque la luna ahora se duerma sin despedirse y sus pisadas se borren tras mi sombra. Aunque el sol se jubile y la inmensidad devore ciudades fantasma. Aunque tu cama sólo sea dormitorio y mis ganas almohada, volveré con la lluvia a borrar la soledad. A romper el silencio en mitad de tu llanto. A pintar con besos tus espacios en blanco. 

Pobre de mí

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Ella aún guarda bajo sábanas
el arma que me voló la potestad
 de la moderación. Esparciendo
mi voluntad por el colchón y
dejándome desnudo junto
al plomo, me dejó morir en
su sueño de seda gris. Tiene
metralla en las pestañas, que
deja volar en un abrir y cerrar
de ojos, perforando a su paso
todo corazón que se atreva
a mirar. Pobre del infeliz que
le crea humana, pobre de mí.

La Religión y Yo

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Creo que en mis últimas entradas, incluso en comentarios dispersos por la red, he dejado clara una postura de indiferencia y aversión hacia la religión, pero siempre he querido justificar dicha oposición, con lo que es para mí uno de los principales pilares de mi ideología.
Crecí en un hogar “pseudo católico”, donde nadie me intentó inculcar ninguna creencia, pero en el que se tenía por tradición una cierta fe. Me bautizaron, según he sabido después, en contra de mi voluntad, y tomé la primera comunión. No por una férrea pasión por cristo, ni para salvar mi alma, simplemente porque sabía que ese día sería el único y verdadero protagonista, y cómo no, por los regalos que iba a recibir, entre los cuales no esperaba una “hostia”. Realmente no creo que ningún/a niño/a de 8 o 9 años vaya a su comunión feliz porque va a recibir a cristo, de hecho, ni siquiera creo que sepan con certeza quién es. Más tarde quise ser monaguillo, y una vez más, no era por devoción o vocación, sino porque es…

Cuello de botella

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Tu ausencia vomitó mi corazón Por el cuello de botella, tan frío, tan estrecho. Como el que sólo bebe en soledad, tan solo, tan vacío. Como la botella donde se coló mi corazón, tan seca, tan yo. Y en lugar del licor me encuentro yo, con la fecha de caducidad marcada en la nuca, y el regusto amargo del último trago, tan breve, tan último. 

Se pierde en madrugada

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El alba me descubrió aún con los ojos abiertos y la garganta cerrada. Intentando respirar todo el aire que mis pulmones asfaltados podían abarcar. Con las uñas clavadas en los estriados brazos de mi sillón. No se me hace extraño ver amanecer. La noche es mi estado emocional, mi hogar. Tengo demasiados recuerdos a oscuras. Lo mejor de vivir por madrugadas es  que los problemas brillan menos. Resulta más fácil esconder las miserias cuando apenas existe luz, cuando todos miran al culo de su vaso, la espalda de una prostituta o un trozo de papel de aluminio chamuscado. Pero aquella noche era distinta. Aquella noche me quitó más vida que cualquier otra. Llegó como un jinete a lomos de una bestia sanguinaria, cargada de odio, de sed de sangre, y cómo no, de muerte. Dicen que los perros son capaces de captar sonidos imposibles para el oído humano. Yo tengo una teoría similar para las sirenas en la noche. Sólo aquel cercano a una tragedia es capaz de escuchar su llanto estridente.

Profecía de San Proletario

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Tornarán lúgubres los días,  y una marea roja ascenderá  de las cloacas, barriendo  con cerdas oxidadas cada  rincón con rabia e imparable fe. Os ahogará el pecado,  la lluvia ácida convertida en lágrimas desesperadas.  Y yo os miraré desde el tejado, negándoos  la indulgencia, meando sobre vuestro grito que  desaparecerá entre los reproches de los  que os condenan. Se acerca el hundimiento.  Un ocaso nacido en las casas baratas.  Se acerca un diluvio, y esta vez, ni Noé os salvará.