Por ti, por mí y por todos mis compañeros







Un grito, salido de una voz y mil gargantas
 que corre, se expande y contagia de cólera
 a miles de almas esclavas. Esclavas del dinero,
pólvora, metralla y barrigas llenas. Un grito
desciende del cielo en forma de ángel para
anunciarle al carpintero su desgracia y
guiarle por burdeles en busca de su puta.
Un grito sincero y clarificador que ruegue
coherencia y proclame un nuevo dios en
la tierra. Un dios en cada pequeña moneda
que golpea con otras en la palma de la mano
de un alma que ha sido desterrada del mundo
de la falsa decencia, del no mundo. Un grito
con cuerpo de cincel, que abra las mentes y
expanda el conocimiento más allá de lo moral,
ético, puro, casto. Y más allá del color sangre
 del papel moneda. Un grito por el fin de la
búsqueda de la paz mediante la lucha, porque
la lucha nunca traerá paz. Un grito por tus
caderas, por tus ojos y tus lunares, que serán
los únicos a los que le declare la guerra.

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