Secretos del Averno
Portaba un maletín de piel. De él, sacó un contrato de compraventa.
Lucifer, se hacía llamar. Buscaba un alma pura y limpia. Debieron
darle mal la dirección. La crisis ya hace estragos hasta en el
infierno. Le ofrecí asiento y una copa. Hablamos de lo tenebroso
y lo terrenal. Su rostro reflejaba fracaso y cierta frustración.
Confesó no ser autor de ninguna de las catástrofes ocurridas
aquí arriba. Temía la decepción. Y rompió a llorar cuando le
hice saber que ya nadie temblaba al escuchar su nombre. Que a
quien tememos es a un tal "Jesús" y a sus obedientes perros. Me
propuso un pacto. El jamás volvería a interrumpir mi sueño y yo
mantendría viva su leyenda.
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