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¡Paren el mundo, me quiero bajar!

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Hubo un tiempo, el cual no recuerdo, en el que se sostenían las miradas.  Un tiempo en el que olía a papel y tinta. Donde el primer beso entre dos  enamorados, llenaba dos páginas. Donde se consideraban y valoraban las rosas.  Hubo un tiempo, en el que el tiempo se regalaba y las agujas del reloj carecían  de sentido. Ese tiempo ha pasado casi sin darnos cuenta. La prisa y el afán  por simplificar ha acabado con lo poético. Lo bello muere en cada cartel que anuncia la llegada a civilización . Hemos sido inoculados con el virus de la  impaciencia. Descuidamos todo aquello que depende de nosotros y peleamos bajo  la voluntad ajena.  Yo, personalmente, necesito echar el freno de mano a este puto mundo.

Miedo

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Nadie está exento. No hay pactos, ni conjuros que nos eximan.  Es una sombra que te acompaña desde el primer aliento de vida. Invisible, pero innato. Te paraliza. Te contamina con el virus de la duda. Te confunde. A veces, clemente, te indica la salida. Otras, perverso, inhibe tus sentidos. Ni los años, ni la experiencia, te dan ventaja sobre él. Aprendes a aceptarlo. Lo abrazas y te aferras. Asumes su compañía. Ningún sentimiento es  universal. No hay dos seres en el mundo que lloren o  rían exactamente por las mismas cosas. Así que, míralo a los ojos. Conócelo. No mires hacía otro lado. No reniegues de él. No se va  a marchar. Seguirás temiendo, mientras sigas respirando.

Crónica de un abandono

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Una vez más me encuentro frente a un viejo enemigo. Una vez más frente la hoja en blanco. Sin saber qué decir, sin saber qué contar. Reclamando a Mozart la  inspiración, suplicándole a la luna que se vuelva a vestir de musa. Tropezando con las palabras. Viendo como cada nueva frase se convierte en suceso.  Aplaudiendo cada punto y seguido. Exprimiendo mis ideas. Con los codos clavados en la mesa y las manos  oprimiendo cada una de mis sienes. Quizá así estimule esas neuronas que parecen haberse sumergido en un largo y exasperante letargo. Un café y un cigarrillo. Ya casi ha amanecido y sigo sin historia. Sólo he  confirmado mi sospecha: Este suelo pide a gritos una escoba. Mozart se durmió sobre su piano, y Sollozando,  entre reproches, la luna se quitó el vestido. Colérica me regañó por haber fijado mis miradas en otra deidad. "No volveré a llenar de palabras tus cuadernos. No  volveré a desnudarme para ti. D...

Hoy no existe

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Hoy sus ojos se tornaron negros, su pelo mate y su alma tétrica. Hoy sus lágrimas le impiden ver la luna y los aullidos de su cabeza ocultan los sonidos propios de la noche. Hoy hay nubes en su cielo, nubes en su techo, nubes en su razón. Hoy se marchitan las flores y se abstienen los  gorriones. Hoy duele, llora y grita. Hoy se ahoga a cielo abierto y respira en su refugio. Hoy da rienda suelta a la zozobra. Hoy no existe.

Melancolía

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Amargo aroma de la melancolía, que me embriaga esta fría noche. Arropado con la suave manta de tus recuerdos. Tumbado sobre la perpetua huella de tu cuerpo. Convulsionando, por el síndrome de abstinencia que me dejaron tus besos. Tus besos, catalogados como el más puro de los opiáceos. Mis manos lloran al recordar la seda de tu espalda. Mi piel se marchita, ante la carencia de tus manos. En mi pelo, la primavera ha dejado paso al más triste otoño. En mis ojos navega tu tímida sonrisa y mi corazón se declara en huelga si tú no estás aquí. Vuelve, antes de que esta desolada alma, huya cansada de la ausencia que la envuelve.

Dawn in your skin

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Nunca el sol brilló tanto como aquella mañana.  Se coló por tu ventana y me deslumbró, haciéndose hueco entre las cortinas y tu pelo. Tu cuerpo es aún más bonito bajo las acometidas del astro rey. Acariciado por sus cálidos brazos. Iluminado por su intensa luz. Eras una estrella, irradiada por  otra estrella menor. Como la protagonista de una  obra de teatro, a la que un gran foco, señala cada uno de sus movimientos. Mecidos en esos rayos, nos  dimos de nuevo, la bienvenida al mundo de los desvelados. 

Soy

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Soy noche y Luna. Soy el pecado vulgar y constante. Soy el insaciable olor a gasolina y barniz. Soy mar en calma y arroyo escondido. Soy rural y salvaje.  Soy fuente de energía y demandante ilimitado. Soy el  incipiente experto y el veterano aprendiz. Soy vísceras que no buscan razones y razones alimentadas de vísceras. Soy timidez aprendida y extroversión obligada.  Soy música, letras, tinta y papel. Soy bufón nativo  y actor confesado. Soy miedo paralizante y pánico  inventado. Soy contradicción argumentada y duda inherente. Soy soberbia imperfección y orgullosa esencia. Soy pasión incontrolada y amor polivalente. Soy rabia, ira, golpes y algarabía. Soy paz, respeto, justicia y concordia. Soy incompleto. Soy todo lo que aún me falta  ser. Soy pasado y presente. Soy, sólo soy.