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Crónica de un abandono

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Una vez más me encuentro frente a un viejo enemigo. Una vez más frente la hoja en blanco. Sin saber qué decir, sin saber qué contar. Reclamando a Mozart la  inspiración, suplicándole a la luna que se vuelva a vestir de musa. Tropezando con las palabras. Viendo como cada nueva frase se convierte en suceso.  Aplaudiendo cada punto y seguido. Exprimiendo mis ideas. Con los codos clavados en la mesa y las manos  oprimiendo cada una de mis sienes. Quizá así estimule esas neuronas que parecen haberse sumergido en un largo y exasperante letargo. Un café y un cigarrillo. Ya casi ha amanecido y sigo sin historia. Sólo he  confirmado mi sospecha: Este suelo pide a gritos una escoba. Mozart se durmió sobre su piano, y Sollozando,  entre reproches, la luna se quitó el vestido. Colérica me regañó por haber fijado mis miradas en otra deidad. "No volveré a llenar de palabras tus cuadernos. No  volveré a desnudarme para ti. D...

Hoy no existe

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Hoy sus ojos se tornaron negros, su pelo mate y su alma tétrica. Hoy sus lágrimas le impiden ver la luna y los aullidos de su cabeza ocultan los sonidos propios de la noche. Hoy hay nubes en su cielo, nubes en su techo, nubes en su razón. Hoy se marchitan las flores y se abstienen los  gorriones. Hoy duele, llora y grita. Hoy se ahoga a cielo abierto y respira en su refugio. Hoy da rienda suelta a la zozobra. Hoy no existe.

Melancolía

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Amargo aroma de la melancolía, que me embriaga esta fría noche. Arropado con la suave manta de tus recuerdos. Tumbado sobre la perpetua huella de tu cuerpo. Convulsionando, por el síndrome de abstinencia que me dejaron tus besos. Tus besos, catalogados como el más puro de los opiáceos. Mis manos lloran al recordar la seda de tu espalda. Mi piel se marchita, ante la carencia de tus manos. En mi pelo, la primavera ha dejado paso al más triste otoño. En mis ojos navega tu tímida sonrisa y mi corazón se declara en huelga si tú no estás aquí. Vuelve, antes de que esta desolada alma, huya cansada de la ausencia que la envuelve.

Dawn in your skin

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Nunca el sol brilló tanto como aquella mañana.  Se coló por tu ventana y me deslumbró, haciéndose hueco entre las cortinas y tu pelo. Tu cuerpo es aún más bonito bajo las acometidas del astro rey. Acariciado por sus cálidos brazos. Iluminado por su intensa luz. Eras una estrella, irradiada por  otra estrella menor. Como la protagonista de una  obra de teatro, a la que un gran foco, señala cada uno de sus movimientos. Mecidos en esos rayos, nos  dimos de nuevo, la bienvenida al mundo de los desvelados. 

Soy

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Soy noche y Luna. Soy el pecado vulgar y constante. Soy el insaciable olor a gasolina y barniz. Soy mar en calma y arroyo escondido. Soy rural y salvaje.  Soy fuente de energía y demandante ilimitado. Soy el  incipiente experto y el veterano aprendiz. Soy vísceras que no buscan razones y razones alimentadas de vísceras. Soy timidez aprendida y extroversión obligada.  Soy música, letras, tinta y papel. Soy bufón nativo  y actor confesado. Soy miedo paralizante y pánico  inventado. Soy contradicción argumentada y duda inherente. Soy soberbia imperfección y orgullosa esencia. Soy pasión incontrolada y amor polivalente. Soy rabia, ira, golpes y algarabía. Soy paz, respeto, justicia y concordia. Soy incompleto. Soy todo lo que aún me falta  ser. Soy pasado y presente. Soy, sólo soy. 

Ying Yang Mind

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Pensamientos. Tan absurdos, como perturbadores. Ideas. Tan dementes, como arraigadas. Miedos. Tan inexplicables, como inolvidables. Juicios. Tan viscerales, como incorrectos. Sensaciones. Tan irreales,  como angustiosas. Corazones. Tan amados, como inseguros.

Anclado al desarraigo

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Soñaba con escapar de esa asfixiante libertad. La luna, su mesita de noche. La calle, su sonajero. Su espalda reposaba sobre una vieja caja de cartón,  que antaño le sirvió como arca. Ataviado con un  apolillado poncho, que le protegía de las frías  noches de primavera, otoño e invierno. Pelo cano y frondosa barba. Grietas en labios y manos. Una dentadura que brillaba por su ausencia y una sonrisa estable. Su única compañía era un sucio perro y su inseparable Jack Daniel's, al que llamaba "camarada". Innumerables, son las batallas que libraron juntos. No quiso entender al mundo y el mundo nunca tuvo la intención de entenderlo a él. Era feliz en su rincón mugriento. Privado de mentiras, rencores y demás  algarabías. Nunca supo a quien odiar, pues dios le concedió el privilegio de la invidencia.